Son las ocho de la mañana. Pero llevo despierto desde las cuatro, en parte por culpa de la señora María que está tras la puerta arañando y gimiendo con mucha más intensidad que antes. Supongo que tras abrir la puerta, le confirmé mi existencia. Por otra parte, tampoco he podido dormir porqué he tenido la mente demasiado ocupada pensando en como escapar. Tras mucho pensarlo he trazado el siguiente plan.
Voy a modificar la disposición de los muebles del comedor a modo de barricadas. Abriré la puerta y luego correré hasta la terraza. La casa no es demasiado grande. La señora María sólo tendrá que empujar la puerta, cruzar el recibidor que tiene aproximadamente dos metros, luego entrará en el comedor y simplemente tiene que caminar recta ocho o nueve metros más hasta llegar a la terraza donde estaré yo. Cuando ella llegue a la terraza yo entraré de nuevo en casa por la otra puerta que da a la habitación de mis padres, cerraré la puerta corredera y avanzaré rápidamente hacia el comedor para cerrar la puerta corredera de allí. Así la señora María se quedará encerrada en el balcón. Para evitar que rompa los cristales bajaré las persianas hasta abajo. Luego cogeré la mochila y las llaves de la moto de mi hermana. Cerraré la casa y podré rumbo hasta La Secuita, el pueblo de mis abuelos.
Sólo será un viaje de diez kilómetros, pero creo que nunca he recorrido tanta distancia con una moto y menos con la de mi hermana.
Por cierto también he metido en la mochila el fular de mi madre, las gafas de bucear de mi hermana Elena y los guantes de fregar platos. Algo me dice que los volveré a necesitar. También me llevaré el cuchillo, pero este lo llevaré conmigo.
Voy a modificar la disposición de los muebles del comedor a modo de barricadas. Abriré la puerta y luego correré hasta la terraza. La casa no es demasiado grande. La señora María sólo tendrá que empujar la puerta, cruzar el recibidor que tiene aproximadamente dos metros, luego entrará en el comedor y simplemente tiene que caminar recta ocho o nueve metros más hasta llegar a la terraza donde estaré yo. Cuando ella llegue a la terraza yo entraré de nuevo en casa por la otra puerta que da a la habitación de mis padres, cerraré la puerta corredera y avanzaré rápidamente hacia el comedor para cerrar la puerta corredera de allí. Así la señora María se quedará encerrada en el balcón. Para evitar que rompa los cristales bajaré las persianas hasta abajo. Luego cogeré la mochila y las llaves de la moto de mi hermana. Cerraré la casa y podré rumbo hasta La Secuita, el pueblo de mis abuelos.
Sólo será un viaje de diez kilómetros, pero creo que nunca he recorrido tanta distancia con una moto y menos con la de mi hermana.
Por cierto también he metido en la mochila el fular de mi madre, las gafas de bucear de mi hermana Elena y los guantes de fregar platos. Algo me dice que los volveré a necesitar. También me llevaré el cuchillo, pero este lo llevaré conmigo.