jueves, 26 de diciembre de 2013

Patricia, la chica del autobús se llama Patricia Guzmán Segura. Tiene 17 años y es de este pueblo. Tengo su DNI.

Esta mañana tras escribir mi última entrada de este diario he bajado para mirarla a los ojos antes de decidir su suerte. Como cada vez que paso frente a ella me sobrevienen de nuevo las imágenes de su pecho desnudo, avergonzado he bajado la vista. Ha sido entonces cuando me he fijado en el prominente bulto del bolsillo de su pantalón. No sabía que era, podría haber sido un paquete de pañuelos, un teléfono móvil o cualquier otra cosa.

Como la mano no me cabe entera por los agujeros de la alambrada, he entrado en el garaje donde mi abuelo guardaba sus herramientas y tras buscar un poco, he dado con unos alicates de corte. No son la herramienta ideal para esta empresa, pero con un poco de fuerza he conseguido que cediera el alambre. He hecho un agujero a la altura de su cintura, he deslizado la mano en su bolsillo y con los dedos he conseguido su cartera y con ella su identidad.

El resto de la mañana lo he pasado con Patricia.