jueves, 5 de diciembre de 2013

La última noche ha sido muy larga y espantosa.

El señor que golpeaba la puerta de la casa ahora está muerto. He visto como moría, ha sido culpa mía. Sin embargo el no tener que oír continuamente esos golpes y gruñidos tras la puerta es reconfortante.

Ha sucedido así: serían las seis de la mañana aproximadamente cuando he dejado de oír los golpes en la puerta y me he sobresaltado cuando por mi cabeza a cruzado la idea de que ese ser hubiera podido entrar dentro de casa.

Me he armado de valentía y a tientas, he salido de mi cuarto y he ido hasta el recibidor. He mirado por la mirilla de la puerta y ese tipo ya no estaba. Aun faltaba lo peor, comprobar que no estuviera dentro conmigo. He cogido el móvil y utilizando la luz del flash a modo de linterna he ido habitación por habitación  buscándolo. Por suerte estaba yo sólo. Ha sido en ese momento cuando una sensación de euforia ha recorrido todo mi cuerpo, tenía ganas de gritar y de saltar, pero no podía hacerlo, no podía cometer nuevamente el mismo error.

Entonces ha sido cuando he salido un momento a la terraza del comedor para respirar aire limpio y porqué no admitirlo, esperaba ver a ese ser alejándose por la calle. Pero no ha sido así, una especie de gruñido ha sonado muy cerca de mi. He girado la cabeza rápidamente y ahí estaba, era él. Estaba de pie justo en la terraza de al lado mirándome fijamente. Me he quedado de piedra, no podía moverme, no podía gritar, y tampoco sabía que hacer. En ese momento el tipo ese del traje ha intentado saltar de una terraza a otra para cogerme, pero por suerte no lo ha conseguido y se ha precipitado al vacío.

Me he quedado allí de pié sin moverme más o menos cinco minutos hasta que al final el frió me ha obligado a regresar al interior de mi casa.