lunes, 16 de diciembre de 2013

No se si ha sido por aburrimiento o porque realmente estoy como un cencerro, pero esta mañana  he salido al jardín de delante para verla, tenía que arreglar algo que hice mal.

Efectivamente mis sospechas eran ciertas, su busto seguía mostrando aquel pecho tan bonito. La última vez que estuve frente a ella lo desfloré violando su intimidad.

He permanecido unos segundos mirándola con ojos de arrepentimiento y le he pedido perdón en voz alta. Dudo mucho que siquiera me haya entendido, pero por alguna razón necesitaba decírselo. Luego me he acercado lentamente a la alambrada y con un gesto tranquilo y apaciguado le he cubierto nuevamente el pecho izquierdo con el sujetador y luego he estirado a través de los agujeros romboides de la valla metálica la camiseta para cubrir su prenda íntima.

Luego he comprendido que tenía que hacer algo más por ella. Futilmente, le he dicho que me acercaría al CAP para ver si allí encontraba alguna pista sobre como curarla o para ver si encontraba a alguien que me pudiera ayudar, que la pudiera ayudar.

* * *

Esta tarde, en un acto que no sabría si valorar de heroico o de desesperación, ataviado con mi equipo básico de supervivencia (gafas de bucear, fular y guantes) he andado hasta el CAP. Al llegar allí me he fijado que los cristales de la puerta corredera de entrada estaban rotos. Dentro parecía que se había librado algún tipo de guerra, estaba todo tirado por el medio, en mitad del vestíbulo había el teclado arrancado de un ordenador y en la esquina de este unas manchas rojas que supongo serían sangre. Estaba todo el suelo lleno de papeles. También habían volcados dos armarios grises de esos metálicos con puertas correderas. El centro estaba a oscuras, desde la calle hubiera jurado que dentro habría más luz. He levantado la vista hasta las luces de emergencia, pero creo que estas ya habían concluido todo su trabajo.

Como no he tenido valor para adentrarme en la oscuridad, sólo se me ha ocurrido la estúpida idea de gritar: - ¿hay alguien aquí?- mi voz a sonado con eco en el edificio.
- ¡alguien que me pueda ayudar, por favor! - En ese momento he oído pasos que se dirigían hacia mi y que provenían de varios sitios. En unos segundos han aparecido varios de esos horribles seres, si no he contado mal habían dos mujeres, creo que eran enfermeras por la indumentaria que vestían, y tres hombres; uno de ellos vestía un traje militar, como el que hay en una foto de mi padre en casa cuando estaba haciendo la mili, y los otros dos vestían ropa de calle y encima tenían batas blancas. Todos ellos tenían las caras desfiguradas, iban llenos de sangre por todas partes y caminaban rápidamente hacia mi.

Mi presencia no era grata, o quizá si, pero no pensaba esperar para averiguarlo así que me he vuelto a casa de la abuela corriendo todo lo rápido que he podido. Uno de ellos me ha seguido hasta la calle de atrás, luego supongo que he logrado despistarle o bien se ha cansado de correr detrás de mi. He entrado en la finca y he cerrado la puerta de la calle con llave. Por cierto, ayer encontré un segundo juego de llaves de la casa que mi abuela guardaba en un cajón de la cocina.

He pasado el resto de la tarde hablando con ella de lo ocurrido. Mi enemiga ahora es todo lo que tengo.