jueves, 12 de diciembre de 2013

Me he hecho una tortilla para comer. En casa de mi abuela el suministro de gas viene dado por una de esas bombonas naranjas. No tengo ni idea de cuanto duran estas bombonas, espero que sea bastante. En el patio de atrás he visto que hay otra y a juzgar por su peso creo que está llena. Ha sido más que agradable volver a comer algo caliente. Me encantan los bocadillos y las galletas, pero creo que ya los he aborrecido para el resto de mi vida. Espero poder ver a mis padres pronto.

Por la mañana he salido al patio, reconozco que la presencia de esa chica pegada a la alambrada es sumamente perturbadora. Es una chica bastante guapa, debe de tener uno o dos años mas que yo. Tiene el pelo largo y de color cobrizo. Sus ojos son oscuros, bueno, y rojos ensangrentados. A pesar de que estamos en diciembre ella estaba sudando, parece muy acalorada y su piel enrojecida deja ver las venas de su cuerpo.

He intentado comunicarme con ella, le he preguntado su nombre y también le he preguntado que porque estaba allí, pero no responde, sólo me mira fijamente. Ha abierto la boca varias veces pero no ha emitido ningún ruido.

Lleva puesta una especie de rebeca de lana y debajo una camiseta blanca. También viste unos pantalones tejanos y unas bambas deportivas.

La alambrada la mantiene sujeta, completamente inmóvil, no puede siquiera alzar los brazos. Me gustaría ayudarla, pero me da mucho miedo acercarme a ella. La camiseta que lleva es de cuello ancho y por el modo en que se ha quedado atrapada, se le ve el sujetador cubriendo uno de sus pechos.