sábado, 14 de diciembre de 2013

Creo que se me ha ido la pinza por completo. Ayer hice algo malo, algo muy malo, algo de lo que no estoy en absoluto orgulloso.

Por la tarde, con la escusa de comprobar el perímetro de la casa, salí hasta donde está ella. Seguía allí, inmóvil con su mirada fría y calculadora sobre mi. Me acerqué lentamente hasta estar frente a ella. Me detuve a escasos centímetros de su rostro. A pesar de su aspecto de ultratumba es realmente hermosa, es una de esas chicas por la cual uno puede perder la cabeza.

Estuve un buen rato mirándola, no pude evitar mirar su pecho cubierto por el sostén que se escapaba de la blanca camiseta rasgada. Sin saber porqué acerqué mi mano hasta su pecho para cubrir el sujetador con la camiseta, pero mi mano tenía otro plan, en lugar de cubrirla, lentamente le bajé el sostén hasta dejar al descubierto su hermoso pezón. Tenía unos pechos realmente grandes y bonitos, bueno, por lo menos el que le vi. Me quedé atónito durante unos segundos viendo aquel tétrico pero sensual espectáculo.

Sin poder reprimir mis instintos más primarios volví a levantar mi mano cubierta por el guante de fregar platos, hasta tocarle el pecho. En ese momento ella emitió una sorda exhalación y con los ojos abiertos como platos abrió la boca todo lo que pudo sacando su lengua para intentar tocarme.

Sólo se me ocurrió decir perdón y salí de allí corriendo. Aun me tiemblan las piernas.